Para mí la migración ha sido un hecho
conocido desde la infancia, nací y crecí en un país que recibió migrantes. En
sus buenos años, Venezuela fue un destino seleccionado por muchos europeos y
latinoamericanos. Así en la escuela mis amiguitas eran: una hija de Portugueses y la otra de Colombianos, y asi fue siempre, en la universidad, en los trabajos, en mi matrimonio. Con los años la rara era yo que no tenía sino
Venezolanos y más Venezolanos en mi árbol genealógico.
Pero migrar no era
parte de mi plan, viajar si, conocer, abrir horizontes pero no dejar la casa.
Hoy mi casa está en otra parte y estamos aprendiendo a migrar.
Mi hijo, quien es sin
mayores dificultades trilingüe, empezó a ser mi corrector de pronunciación ad
hoc, luego para contarme sus actividades escolares me pedía la traducción de
una palabra que solo sabia en sus nuevos idiomas, para poder seguirme contando
en mi lengua materna, la que me recuerda a mi abuela, la que me habla de mi
infancia. Hace una semana me canto una canción infantil en español, la tradujo
completa y logro sincronizar la melodía para jugar conmigo.
Entonces recordé
a las abuelas y madres de algunos amigos, que siempre hablaron un
castellano confuso, el famoso portuñol o el italiano lento que también se entendía
bastante bien. En mi país nunca tuvimos políticas de integración, la gente
llego y se las arreglo lo mejor que pudo, si no hablaban el idioma pues ya nos entenderíamos, al final señalando todo se entiende...nos reiamos jutos y la verdad nos entendíamos, pero hoy me pregunto hasta qué punto
realmente nos integramos?
Ahora estamos en otra
tierra, donde las costumbres son otras, donde llegar temprano es importante,
donde la viveza criolla es un delito, donde la violencia es algo raro,
indeseado y castigado. Un lugar que nos gusta, una con un largo invierno en el que hemos
encontrado un cálido hogar, un lugar que nos abrió sus puertas y sus muchas políticas
de integración, un lugar que elegimos y que hasta ahora nos ha aceptado. No es
justo seguir con el corazón en otra parte, con los recuerdos en otra parte, con
la lengua en otra parte.
Seguiremos siendo un
hogar de inmigrantes, una familia de costumbres latinas, la gente rara del
barrio que habla diferente y tiene fiestas que no comienzan ni acaban a la
hora, a la que vienen un montón de niñitos, la gente que tiene TV en el cuarto
de los niños, que cenan después de las 8 y que los hijos a veces se
acuestan tarde. Pero somos una gente que llego aquí y se compromete con
las normas de aquí, y si queremos estar aquí no hay que traicionar la memoria
ni el origen, pero hablar lo que se habla en el sitio que llegas es abrirte
puertas y facilitar la integración de todos.
Anoche mi hijo me enseño a cantar "Ma petite vache"






