domingo, 18 de diciembre de 2016

Con Colombia en el Corazon

Para todo Venezolano Colombia tiene muchos significados, para mí “la hermana República”, como solíamos llamarle nunca estuvo tan cerca como ahora, cuando paradójicamente estoy tan lejos.

Colombia y los colombianos nunca me fueron extraños. El acento siempre me fue fácil de reconocer. Conocí las sazones propias en un par de viajes, cuando fui a Bogotá no salía del asombro, la ciudad me pareció preciosa, recordaba aquello de la diferencia de un Virreinato con una pequeña Capitanía General. Los edificios del centro son imponentes y hermosos, la comida increíble y en esa época pensaba que 10 grados era morir de frio.

Ahora, cuando 10 grados es "está fresco, no hace falta chaqueta", es cuando esa hermandad se me hecho realmente presente. Los colombianos son unos migrantes expertos, solidarios con el que llega, amorosos, cálidos y serviciales en todo momento. No puedo des-decir de mi comunidad Venezolana porque cuento con coterráneos maravillosos que son familia aquí, pero también reconozco que lamentablemente nos falta mucho que aprender de aquello de ayudar y recibir al que llega. Muchas veces he escuchado aquello de "no me junto con Venezolanos" o "Venezolano, no me los presentes", lamentablemente también fui víctima del "que se joda, no le voy a dar mis secretos a un recién llegado". Para mi es cuestión de inmadurez migratoria, es algo nuevo para nosotros y aprenderemos.

Pero yo he aprendido que Colombia se escribe con la C de Corazón. Mis grandes afectos son hermanos, son gente querida y sentida. Ahora me siento cansona, una berraca ante los retos, me da mamera, sin embargo cuando me arrecho es a la venezolana, pero hago la salvedad (porque para los Colombianos tiene una connotación sexual). Sin embargo no me gusta la Cumbia y la arepa me la sigo comiendo rellena :)

He aprendido a usar los nombres en chiquito, a ser Alejita cuando hablo con Martica, Shirlita y Juan Carlitos, y claro con mi Alejita querida, porque además esta ese sentido de pertenencia tan sabroso y necesario cuando se han perdido los afectos de la infancia. He aprendido las diferencias entre los caleños, los bogotanos y los santanderianos, los de la costa, las riquezas de San Andrés, las inseguridades, la guerrilla, el deseo de la Paz. He aprendido que la arepa puede ser contorno, y he dejado de defenderla como icono de mi país, para entender que es algo que nos une y nos hermana.

Cuando deje mi Ávila, pensé que nunca más tendría amigos con los que me sentiría bien en casa, disfrutaba tanto hacer fiestas y reuniones, recibir a mis afectos en la casa. Ahora estamos todos regados por el mundo en esta diáspora obligada para muchos y necesaria para otros, tan deseada como costosa. Hoy una fiesta con todos juntos solo es posible con Skype, tras largas horas de coordinar horarios hemos logrado coincidir en una pantallita gente que está en cama amaneciendo y mientras otros se están acostando.

Pero en mi nuevo hogar, este cálido congelador, los amigos colombianos han llenado de alegría nuestra casa, haciendo fiesta de cualquier evento cotidiano, dispuestos a escuchar cuando hace falta, a callar cuando es necesario el silencio, desde la compañía solemne, al trabajo duro en una mudanza, una nueva familia, gente honesta con la que estar sin pose sin pretensiones, gente bella y sincera, trabajadora, agradecida y humilde, una absoluta hermandad ha sido un invaluable regalo.

Suelo decir que durante estos años de lo que más he aprendido es de geografía, he conocido personas de casi todos los países del mundo, muchos de los cuales tuve que comenzar por saber cómo se escribían y donde quedaban, pero sin lugar a dudas descubrirme parte de la Gran Colombia ha sido bien “Berraco”.



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